miércoles 9 de febrero de 2011

Cual bandada de palomas…

“…Tras la idea
que es el grano intelectual…”  (
Virgilio Dávila, poeta puertorriqueño)

Ojeando “El alma de la empresa” del psicólogo Bernardo Ahlborn leo: “Carlos IV decía que no convenía que se haga general la ilustración en América, y a su heredero Fernando VII le irritaba que se generalizara lo que él llamaba “la funesta manía de pensar”, expresión ésta celebrada en una “memorable” carta por las autoridades de la catalana Universidad de Cervera. Por esos tiempos el fin de la pedagogía consistía en repetir lo que estaba autorizado pues la verdad “ya había sido descubierta y dicha”.

Vista la realidad pareciera que esa situación no ha cambiado. El imperio sigue, como entonces, premiando todo lo que mantenga distante “la funesta manía de pensar”. Claro, ahora a través de otros mecanismos como los “acuerdos de libre comercio” que imponen los países poderosos, por el cual, la educación, ha sido reducida a un servicio comercial.

¿Teníamos un mejor panorama antes? En el seminario “Alternativas de reforma de la educación secundaria”[i] se repetía lugares comunes de nuestra realidad respecto a la universalización de la enseñanza media: “la falta de cobertura afecta primordialmente a los pobres”, “en las pasadas 4 décadas se atendió poco y mal la formación de maestros y profesores. Hoy los resultados de las pruebas de conocimientos juzgan, más que las escasas competencias de los alumnos, la debilidad de la formación de los profesores”. Atención, esto se dice en países que han atendido mejor su educación.

En nuestro país, por omisión o desidia, se ha instituido la estafa de la educación. Y ésta es de tal magnitud que, en las condiciones actuales, el joven estudiante peruano no perdería nada, en términos académicos, si en los próximos dos años cerráramos las escuelas porque no está recibiendo nada y, en muchos casos, podría decir “cerráramos definitivamente”. Es más, las familias peruanas resultarían beneficiadas porque, siguiendo tradiciones ancestrales, los hijos desocupados serían convocados por los padres para asistirlos en el trabajo cotidiano donde, sin ninguna duda, ocuparían con mayor provecho formativo su tiempo. Pero claro, estas son posiciones insostenibles en el mundo actual. Las condiciones sociales contemporáneas demandan otro tipo de actitudes, pero me permito esbozar este “escenario alternativo” porque nuestra realidad educativa dista mucho de ser tal (educativa).

Sobre el problema de la educación opinan presidentes, ministros, sacerdotes, militares, etc., menos los interesados. Demandan mayor calificación en los maestros los menos calificados para hablar de ello.

Tsunesaburo Makiguchi en ‘La pedagogía de la creación de valores’ dice “el propósito de la educación es desarrollar el potencial creativo de cada niño y no “producir” servidores obedientes del estado”. En este enunciado se distingue la clave que ha permitido el desarrollo del hombre: la creatividad. Sin ella aún seguiríamos en el paleolítico, sin embargo, ¿qué asignatura la cultiva?

¿El hombre o el negocio?, ¿qué debe preocupar a la educación? De un tiempo a esta parte nuestra “preocupación” predominante es la “computarización” de la educación: ¡cada estudiante con su computadora! Suena bonito, se vería bonito; en fin, cumple con los requisitos básicos del marketing. ¿Es secreto para alguien de que sólo se trata de un negocio más? ¡Tenemos más universidades que Inglaterra!

En una situación como ésta, además de formar comisiones y gastar tinta y papel, ¿qué hacemos? Ajusta perfecto otro dato que refiere el psicólogo Bernardo Ahlborn en su libro: En una carta el teniente Carey Brenton, observador enviado por la reina Victoria durante la guerra contra Chile, informa: “Quizá su Majestad debería decir que aquí, de una vez por todas, que los peruanos no entienden el significado de ‘medidas enérgicas’; es decir, no tienen idea de cómo actuar inmediata y decisivamente de improviso. Cuando surge alguna emergencia, piensan que ‘algo’ debe hacerse, pero al mismo tiempo se consuelan pensando que ‘alguien’ está haciendo ese ‘algo’ o si no, entonces será hecho por otro el día de mañana”.


[i] Jarque, Carlos M. Santiago de Chile, 17/3/2001

jueves 6 de enero de 2011

Escases de agua

Reenviada por un amigo, recibí una de esas cadenas que nos alertan sobre "un futuro sin agua". No sé si cansado de recibir cadenas, o por el tema, le contesté:

Mi estimado Hugo, por estos tiempos vemos y leemos casi constantemente sobre este asunto. Permíteme por unos minutos asumir una posición cínica al respecto, al estilo del joven Carlitos: ¡Qué ch…! ¿Se acaba el agua? ¡Qué se acabe! Tal vez así el planeta pueda librarse de esta especie nefasta, para la vida, llamada género humano. Digo “llamada” porque comparada con cualquier otra especie sale perdiendo. A ningún vacuno se le ocurriría sentarse en una gradería para ver como martirizan hombres, como a ningún cánido se le ocurriría criar hombres para hacerlos pelear, etc. etc. etc.

Pero no sólo por eso; Alejandro Dumas dice, en “Los mohicanos de París”, cherchez la femme; yo lo parafrasearía, sin ningún empacho, así: rechercher le bénéficiaire. Esa es la cuestión, mi estimado amigo, ¿quién se beneficia con esta “escases de agua”? Hace muy pocos años una universidad inglesa hizo una investigación sobre la contaminación, concluyó que: embotellar agua, una (1) botella, contamina más que un automóvil viejo haciendo un recorrido de ochenta kilómetros. Otra investigación encontró también que una población africana sufría de sed aún teniendo agua abundante a muy poca distancia, ¿por qué? Se habían acostumbrado a beber sólo agua embotellada. ¿Y qué es el agua embotellada? Eso que no queremos beber del caño: agua potable. ¿O usted cree que estos mercaderes van a gastar su preciado dinero en hacer algo más? ¿No me cree? Hace poco se suscitó un escándalo en USA, un altísimo porcentaje del agua envasada era de la red domestica y vendida un 1900% más cara, con el problema añadido de la contaminación de las botellas de plástico. Otra investigación dice que cuatro de cinco botellas es arrojada al medio ambiente, esto está provocando que algunos gobiernos europeos inicien campañas aconsejando beber agua del caño.

No, mí estimado amigo. Ya el gran Iván Petróvich Pavlov nos habló del reflejo condicionado. Mucho me temo que en este asunto estamos dejando que nos traten como a perros.

Volvamos a Perú. ¿Qué se bebe en los pueblos jóvenes? Todas las “colas” del mercado porque el agua que les venden los aguadores, a precios exorbitantes, está contaminada. Si quisieran beberla tendrían que hervirla y eso resultaría más caro y laborioso que comprar una “cola” cualquiera.

¡No! Mi estimado amigo, el agua no se está acabando. Física básica: la materia no se destruye sólo se transforma. Usted sabe que a los zorros les gustan los conejo; pues bien, los zorros se alimentan de conejos, y cuando hay abundantes conejos los zorros se alimentan bien y se reproducen mejor y con gran entusiasmo (como nosotros aunque nos falte plata); tanto que comienzan a terminar a los conejos. Cuando se reduce la población de conejos los zorros comienzan a morir de hambre. Cuando baja la población de zorros, el número de conejos vuelve a crecer; y ahí vuelve a repetirse el ciclo. ¿Está bajando el volumen de agua? Bajará el volumen de sedientos, luego se repetirá el ciclo. Claro, usted me dirá: ¡quiénes son los que sufren primero? Le doy toda la razón, los que estamos dentro de la sartén.

¡Ah! Gracias por estos minutos de cinismo. Volvamos a la realidad. ¡Tenemos que cuidar el agua, es un elemento finito!

lunes 20 de septiembre de 2010

Siguiendo con el spot de “El Bocón”

Ahora resulta que el hijo ningunea al padre.

En el argot publicitario hay una palabreja para referirse a los que idean estas campañas: “creativos”. Pues esta muestra que involucra al Bocón parece decirnos que, en nuestro medio, estos dejan mucho que desear.

A propósito, hace un par de días vi un reportaje televisado sobre el tema. En él entrevistaron, me imagino, a un “creativo” que, muy docto él, argumentaba que la educación de los hijos corresponde a los padres y que por lo tanto el problema no es del spot publicitario, ergo de los que lo producen. Ante tamaño disparate comprendí la factura del mensaje publicitario. El “creativo” en cuestión no tiene idea de lo que es la educación, y mucho menos a quiénes les corresponde en una comunidad. Alguien le vendió el cuento del “self made man” y se lo “tragó” todito; convertido, así, en objeto, opina sobre sujetos.

Tal vez vendan más ejemplares de ese pasquín, pero no será por el mensaje del spot que, ahora, “nos invita” a construir una estructura familiar disfuncional.

domingo 22 de agosto de 2010

Pésimo spot publicitario de “El Bocón”

A ver, “El Bocón” ha lanzado un spot publicitario por televisión, obviamente porque no se vende; entonces no es nada complicado deducir que quieren vender sus ejemplares. Pero, me pregunto: ¿ese spot nos invita a comprarlo? A mi no. ¿Cómo aceptar como guía de opinión a quien se presenta como un “descriteriado”? ¿Qué otra cosa puede decirse de “un padre que desalienta, desmotiva a su hijo”? Si algo necesita un hijo es que se le estimule a alcanzar su potencial; cosa que no se consiguen “machacándole” sus errores, excepto desaliento, frustración y fracaso.

Siguiendo la línea del spot, no, no voy a comprar el bocón; es más, nunca más volveré a prestarle atención.

domingo 27 de diciembre de 2009

de vacaciones…

pescando

Hace unos años, cuando me preguntaban qué me gustaría hacer durante mis vacaciones, respondía que irme a una playa con una laptop para seguir trabajando en mi libro y poder conectarme al mundo a la hora que quisiera (por alguna urgencia o cosa por el estilo), una piña colada y dos de veinticinco.

Perú es un prodigio, las playas sobran a la vuelta de la esquina; el libro, avanza solo; Internet, una maravilla; la piña colada, exquisita; las de veinticinco, me fallaron; pero la de treintaiquince hace la tarea; ¿se puede pedir más?...

Un ceviche, por favor.

viernes 9 de octubre de 2009

Réquiem por el Gran Parque de Lima

Sé que la causa fue noble. Además, los resultados estuvieron a la vista, ¿mayor éxito? Imposible. Por otro lado, seguramente más de uno me argumentaría, “para hacer tortillas hay que romper los huevos” más aún tratándose de un festival de gastronomía.

Pero...

Lima, conocida como la ciudad jardín, no lo es precisamente por los numerosos parques o jardines que la adornan, todo lo contrario. Luchando contra esta situación Don Alberto Andrade Carmona rescató de la muerte a algunos parques, entre ellos al “Parque de la Exposición”, y los entregó a la comunidad como “El Gran Parque de Lima” para su solaz y esparcimiento.

Al principio se disfrutaba no sólo de prados reverdecidos sino también de seguridad, tan extraña en estos tiempo. Todo tenía su lugar. Pero las cosas han ido cambiando, inopinadamente se fueron instalando negocios, ferias, juegos mecánicos, quioscos de comida y golosinas por todo el parque.

Dicen que no “hay mal que por bien no venga” pero parece que en Lima es al revés, “no hay bien que por mal no venga”. El exitoso festival benéfico no sólo hizo lo suyo, dejó agónico al Gran Parque de Lima: prados secos, flores mustias, cerros de basura y olores nauseabundos.

¿Por qué tuvieron que instalar sus pertrechos sobre los jardines si el lugar tiene suficiente piso de cemento para albergar todo lo que llevaron? Es más ¿por qué tuvieron que instalar esos toldos que cubrían el parque? Nunca entenderé eso. Me resulta tan enigmático como las mujeres que, siguiendo consejos de “especialistas”, se aplican afeites que ocultan su belleza.

Lo del festival gastronómico es sólo una anécdota, lo preocupante es ver como, poco a poco, el lugar va desmejorando por la acción de quienes lo tienen a su cargo.

domingo 5 de julio de 2009

Yo estoy mal, tú estás mal, ¡qué bien!

No habían pasado ni dos días y ya estábamos con que la ‘leoparda’, realmente, nunca había significado peligro para Kina Malpartida.

Entonces recordé un encuentro con unos amigos, a la salida de un cine:

– Tienes que verla, se llora rico – me comentaron.

No sé de dónde nos nace esta complacencia en el sufrimiento, esta incapacidad para disfrutar del éxito. Nos gusta sentirnos jodidos, y si no lo estamos buscamos estarlo. Por supuesto, en el camino, arrastramos a los demás, nadie puede estar bien. Parece que nuestra consigna es: “yo estoy mal, tú estás mal, ¡qué bien!”

Por eso ayer, mientras veía una entrevista a un dirigente deportivo, no me sorprendió escucharlo decir, muy docto él, que no esperáramos mucho de Vivian Baella, que no tenía la talla para un deporte como el vóley, etc. etc. Claro, como él ha sido un deportista de alta competencia, sabe de esas cosas. Y el periodista que lo entrevistaba le daba la razón y las gracias por su descarnada declaración.

¡Imbéciles! Aunque fuese cierto, ¡qué importa! ¡Ganamos! Disfrutémoslo. Después me cuentan que Irma Cordero superaba los dos metros, me explican el maravilloso biotipo de Cueto, Maradona y tantos…

No debemos tener sentimientos de culpa por haber ganado y, lo más importante, dejemos de sembrar esa maldita semilla en nuestros jóvenes.