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martes, 23 de junio de 2009

Yo estoy mal, tú estás mal, ¡qué bien!

No habían pasado ni dos días y ya estábamos con que la ‘leoparda’, realmente, nunca había significado peligro para Kina.

Entonces recordé un encuentro con unos amigos, a la salida de un cine:

– Tienes que verla, se llora rico – me comentaron.

No sé de dónde nos nace esta complacencia en el sufrimiento, esta incapacidad para disfrutar del éxito. Nos gusta sentirnos jodidos y si no lo estamos, buscamos estarlo. Por supuesto, en el camino arrastramos a los demás, nadie puede estar bien. Parece que nuestra consigna es: “yo estoy mal, tú estás mal, ¡qué bien!”

Por eso, ayer, mientras veía una entrevista a un dirigente deportivo, no me sorprendió escucharlo decir, muy docto él, que no esperáramos mucho de Vivian Baella, porque no tenía la estatura necesaria para un deporte como el vóley, etc. etc. Claro, como él ha sido un "deportista de alta competencia", en sus sueños, sabe de esas cosas. Y el periodista que lo entrevistaba, le daba la razón y las gracias por su descarnada declaración.

¡Imbéciles! Aunque fuese cierto, ¡qué importa! ¡Ganamos! Disfrutémoslo. Después me cuentan que Irma Cordero superaba los dos metros, me explican el maravilloso biotipo de Cueto, Maradona y tantos…

No debemos tener sentimientos de culpa por haber ganado y, lo más importante, dejemos de sembrar esa maldita semilla en nuestros jóvenes.