Me han escrito solicitando guías, trucos, tips, de lectura veloz.
En un primer momento decidí desentenderme del asunto; pero como el correo electrónico traía anexado un volante que publicitaba unas lecciones de lectura cuántica, intrigado, respondí preguntando “cuántico” costaba el curso.
Mientras llegaba la respuesta, un par de cuestiones comenzó a darme vueltas en la cabeza: qué estudios sobre el átomo y o enlaces químicos habrían realizado en el cerebro; interacciones de la luz con las partículas–ondas y las ondas–partículas, en el ojo. Volví a revisar el volante y no encontré nada al respecto, sólo un eslogan: “Lea miles de palabras por minuto”.
Me temo que, así como cualquiera sentencia en asuntos relacionados a la conducta humana sin haber pasado ni por la puerta de una facultad de psicología, ahora sucederá lo mismo con la física.
Nuestro gran defecto: postergar la ejecución de las cosas. Hoy en día, además, queremos que las cosas se hagan casi sin hacer nada. Los centros de formación profesional lo ofrecen: “sé exitoso, estudia una carrera de 5 años en 3”. Hay otra, por ahí, que oferta hacerlo en 2 años.
Permítaseme una digresión: al igual que un atleta no alcanza la élite sin entrenamiento, o Hawking no revolucionó la física sin dedicación, la lectura requiere práctica constante, no atajos.
Habrá escuchado o leído que correr unos 30 minutos diarios es bueno para la salud: ayuda a controlar el peso, tonifica los músculos, fortalece el corazón, etc. Tal vez, hasta lo ha intentado uno o dos días para, luego, dejar olvidados buzos y zapatillas en un rincón.
Quizá, lo mismo le pasó con la lectura (que mejora el conocimiento, la memoria, estimula el razonamiento, el pensamiento crítico, la confianza, etc.). A lo mejor, hasta compró los 100 libros que todos deben leer antes de morir; pero como quiere postergar su muerte, aún no los lee.
No soy experto en la materia, pero compartiré mi parecer sobre el asunto. Iniciar algo requiere esfuerzo, pero una vez en marcha, el trabajo se hace más fácil.
Si tiene una vida sedentaria, pero quiere mejorar su salud saliendo a correr 30 minutos diarios, comience por caminar en un terreno llano durante algunas semanas. Luego, intervalos: corra un minuto a una intensidad moderada y camine dos minutos, hasta completar la media hora, durante un par de semanas. Si paulatinamente incrementa el tiempo que corre y disminuye el que camina, en dos o tres meses seguramente estará corriendo con relativa facilidad aún en terrenos con subidas y bajadas.
Con la lectura pasa algo parecido.
Si no tiene el hábito de leer, no empiece con clásicos densos como Crimen y castigo o Los miserables. Incluso si su mejor amigo le regaló Conversación en La Catedral (si leyera no se los hubiera regalado), evite lanzarse a ellos.
Para comenzar a correr, decíamos: caminar en un terreno llano. Para empezar a leer disponga de 30 minutos y elija algo que le interese, por muy banal que le parezca; de eso que eligió, lea, digamos 3 párrafos, 3 veces; al terminar, cuéntele a alguien lo que ha leído, como si hubiera ido al cine y le cuenta la película a un amigo; si no tiene a quién, a su amigo invisible. Luego, como al correr, pasadas unas semanas, aumente los párrafos a leer y disminuya las relecturas.
Al leer, olvídese de la velocidad. Al comienzo, cuanto más rápido lea, más superficial será su comprensión. Se frustrará y creerá que pierde el tiempo o que nació con una discapacidad genética para la lectura.
Adquiera el hábito. Con constancia, en pocos meses no solo leerá mejor, sino que verá tras la pomposidad de quienes confunden complejidad con profundidad.